Lo que está sucediendo en Ceuta también debe contemplarse desde una perspectiva que, hasta ahora, apenas está teniendo presencia en el debate público: la prevención de riesgos laborales.
Los profesionales de esta materia que formamos el Consejo General de Relaciones Industriales y Ciencias del Trabajo (CGRICT), consideramos que estamos ante un escenario en el que las condiciones de trabajo de miles de profesionales han cambiado de manera repentina, profunda y sustancial.
Personal sanitario, fuerzas y cuerpos de seguridad, servicios de emergencias, trabajadores sociales, personal de limpieza y mantenimiento, protección civil, transporte, empresas contratistas y organizaciones humanitarias están desarrollando su actividad en un entorno excepcional, caracterizado por la saturación de los servicios, la tensión social, la improvisación operativa y una enorme carga física y emocional. Y cuando cambian las condiciones de trabajo, también debe cambiar la respuesta preventiva.
No es suficiente con mantener las evaluaciones de riesgos, los protocolos y los procedimientos diseñados para el funcionamiento ordinario de los servicios. Una evaluación realizada para una situación normal puede dejar de ser válida cuando cambian el volumen de personas atendidas, los lugares de intervención, los horarios, la naturaleza de las tareas o la probabilidad de sufrir una agresión. La prevención debe adaptarse a la realidad y no obligar a la realidad a encajar en documentos que han quedado desactualizados.
- VIOLENCIA EXTERNA Y RIESGO DE AGRESIONES
Uno de los riesgos que debe abordarse en una situación como la que atraviesa Ceuta es la violencia externa. La tensión social, las aglomeraciones, la sobrecarga de los servicios, la falta de refuerzos y la modificación repentina de las condiciones habituales de trabajo pueden generar un entorno de mayor exposición para el personal sanitario, los servicios de emergencias, las fuerzas de seguridad, los trabajadores sociales y quienes prestan asistencia humanitaria.
Desde el punto de vista preventivo, cualquier amenaza, insulto, intimidación o agresión física relacionada con el desempeño profesional debe considerarse un riesgo laboral, con independencia de quién pueda protagonizarla. No es necesario esperar a que se produzca una agresión para intervenir. La evaluación debe identificar las tareas, lugares, horarios y circunstancias en los que existe una mayor probabilidad de incidentes y establecer medidas organizativas y de protección adecuadas.
Entre estas medidas pueden contemplarse el trabajo por grupos en determinadas actuaciones, sistemas eficaces de comunicación y petición de ayuda, procedimientos de entrada y salida de las zonas de intervención, coordinación entre todos los servicios de seguridad, delimitación de espacios seguros, refuerzo de las plantillas y registro de incidentes, amenazas y situaciones de riesgo, aunque no hayan ocasionado lesiones.
Normalizar el insulto, la amenaza o el miedo como “parte del trabajo” es una forma de fracaso preventivo.
- RIESGOS BIOLÓGICOS
Otro ámbito que requiere rigor es el de los riesgos biológicos que aumentan por unas determinadas condiciones ambientales y sanitarias: hacinamiento, falta de agua potable, dificultades para mantener una adecuada higiene, acumulación de residuos, presencia de fluidos biológicos o escaso acceso previo a servicios sanitarios. Estas condiciones pueden favorecer la transmisión de algunas enfermedades, pero la respuesta debe basarse en criterios epidemiológicos y preventivos, no en prejuicios, rumores o decisiones indiscriminadas.
La actuación preventiva debe incluir instalaciones para la higiene de manos, limpieza y desinfección, gestión segura de residuos, disponibilidad de agua, acceso a aseos, equipos de protección adecuados a cada tarea, vacunación cuando esté indicada, protocolos ante exposiciones accidentales y formación específica.
Los equipos de protección individual no pueden distribuirse de manera improvisada ni utilizarse como única respuesta. Deben seleccionarse según el riesgo real y acompañarse siempre de medidas organizativas, higiénicas y colectivas.
Los riesgos biológicos se previenen actuando sobre las condiciones reales de exposición.
- CALOR, ESFUERZO FÍSICO Y TRABAJO EN EXTERIORES
Una parte importante de las actuaciones se está realizando en exteriores y durante el verano. Esto añade la exposición a temperaturas elevadas, radiación solar, deshidratación y fatiga física. El riesgo aumenta cuando se trabaja durante muchas horas, se utilizan determinados equipos de protección, se permanece de pie, se transportan materiales, se moviliza a personas o no se dispone de espacios adecuados para descansar. La existencia de una emergencia no elimina la obligación de proteger frente al calor.
Deben establecerse puntos de hidratación, zonas de sombra o descanso climatizado, pausas adaptadas, rotación de tareas, modificación de horarios y vigilancia de síntomas compatibles con agotamiento o golpe de calor, y cuando los avisos meteorológicos y la evaluación indiquen que las medidas implantadas no garantizan la seguridad, deben modificarse o incluso interrumpirse determinadas tareas.
También deben considerarse los riesgos derivados de la circulación simultánea de vehículos, ambulancias, maquinaria y peatones, así como la manipulación manual de cargas, las caídas, los golpes y los desplazamientos por lugares poco iluminados o no acondicionados.
En una emergencia, los riesgos convencionales no desaparecen. Con frecuencia aumentan porque la presión asistencial conduce a trabajar con más rapidez y menor planificación.
- SOBRECARGA, FATIGA Y RIESGOS PSICOSOCIALES
Probablemente, uno de los riesgos más importantes y menos visibles sea el impacto psicológico sobre los profesionales. Estamos hablando de profesionales sanitarios; miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad; personal de emergencias, protección civil y salvamento; trabajadores sociales y equipos de atención a menores; personal de los centros de acogida; trabajadores de limpieza, transporte, mantenimiento y logística, así como profesionales y voluntarios de las organizaciones humanitarias. Todos ellos pueden verse expuestos a situaciones de tensión o conflictividad, presión social, incertidumbre organizativa y decisiones que deben adoptarse con rapidez y, en ocasiones, con recursos limitados.
A ello se suman la prolongación de las jornadas, la alteración de turnos, la falta de descanso, la elevada demanda emocional, la ambigüedad de funciones y la sensación de no poder ofrecer una respuesta suficiente.
Todo ello puede generar estrés agudo, agotamiento emocional, ansiedad, alteraciones del sueño, dificultades de concentración, desgaste por empatía, trauma secundario y, en algunos casos, síntomas postraumáticos. Estos riesgos no se solucionan organizando una charla sobre resiliencia o recomendando a los trabajadores que aprendan a gestionar mejor sus emociones.
La primera medida preventiva debe actuar sobre la organización del trabajo: reforzar plantillas, limitar la duración de los turnos, garantizar relevos, definir funciones, establecer una cadena de mando clara, proporcionar información fiable y asegurar periodos reales de recuperación. También debe facilitarse apoyo psicológico profesional, confidencial y voluntario, especialmente después de intervenciones críticas, agresiones, lesiones graves o exposición a situaciones traumáticas. Pedir ayuda no debe interpretarse como debilidad ni afectar negativamente a la carrera profesional de la persona trabajadora.
Cuidar la salud mental de quienes intervienen no es una medida accesoria. Es una condición necesaria para mantener la calidad, la seguridad y la continuidad del servicio.
- COORDINACIÓN DE ACTIVIDADES Y MANDO PREVENTIVO
En Ceuta están interviniendo administraciones, servicios públicos, empresas privadas, entidades contratistas y organizaciones humanitarias. Cuando coinciden trabajadores de diferentes organizaciones, la falta de coordinación puede convertirse en un riesgo en sí misma. ¿Quién dirige cada actuación? ¿Quién informa de los riesgos? ¿Qué zonas son seguras? ¿Qué procedimiento debe seguirse ante una agresión? ¿Quién solicita apoyo? ¿Dónde se evacua a un trabajador lesionado? ¿Cómo se comunican los cambios entre turnos?
Estas cuestiones no pueden quedar a la improvisación ni depender únicamente de la experiencia individual de cada profesional. Resulta necesaria una coordinación preventiva real, con responsables identificados, canales de comunicación operativos, intercambio de información, protocolos comunes y reuniones breves de seguridad antes de cada turno. La concurrencia de varias organizaciones no diluye las responsabilidades. Al contrario, exige reforzar la cooperación y garantizar que todas las personas que intervienen conozcan los riesgos y las medidas adoptadas.
- UNA EVALUACIÓN DINÁMICA Y NO MERAMENTE DOCUMENTAL
La Ley de Prevención de Riesgos Laborales obliga a revisar la evaluación cuando cambian las condiciones de trabajo o cuando se producen daños que evidencian que las medidas existentes pueden ser insuficientes. En un escenario tan cambiante como el de Ceuta, la evaluación no puede revisarse dentro de varios meses. Debe convertirse en un proceso dinámico y prácticamente diario. Sería necesario disponer de un equipo preventivo de seguimiento que analizara:
▪️ Las agresiones, amenazas e incidentes registrados.
▪️ Las zonas y horarios de mayor riesgo.
▪️ Los niveles de ocupación y carga asistencial.
▪️ Las necesidades de personal y relevos.
▪️ Las exposiciones biológicas comunicadas.
▪️ Las condiciones meteorológicas.
▪️ Los accidentes y “cuasi accidentes”.
▪️ El estado físico y psicológico de los equipos.
▪️ Los problemas de coordinación detectados.
A partir de esta información deberían modificarse los procedimientos, reforzarse los recursos y comunicarse las nuevas instrucciones antes del inicio del siguiente turno.
La prevención eficaz no consiste en acreditar que existe una evaluación. Consiste en comprobar que esa evaluación sirve para evitar daños reales.
- PROTEGER A TODAS LAS PARTES
La protección de los trabajadores y la atención humanitaria no son objetivos incompatibles. No debemos elegir entre atender a las personas vulnerables y proteger a quienes las atienden. Ambas obligaciones deben cumplirse simultáneamente.
Proteger al personal sanitario, a las fuerzas de seguridad, a los servicios de emergencia o a los trabajadores de las organizaciones humanitarias no puede implicar que dichos profesionales trabajen sin recursos, sin descanso, sin protocolos o expuestos a riesgos evitables.
La prevención debe aportar racionalidad en medio de la tensión: identificar peligros, evaluar riesgos, escuchar a los profesionales, planificar las actuaciones y adoptar medidas proporcionadas. Ceuta necesita recursos, coordinación y decisiones políticas. Pero también necesita prevención de riesgos laborales.
Porque una emergencia no puede convertirse en una zona de excepción preventiva y porque cuidar a quienes cuidan, rescatan, atienden, limpian, protegen y acompañan también forma parte de la respuesta humanitaria. La prevención no debe impedir que se actúe, debe conseguir que podamos seguir actuando sin dejar a nadie atrás y sin sacrificar la salud de quienes están en primera línea.
Antonio Pérez Chacón
Técnico Superior en PRL
Presidente de la Asociación Andaluza de Técnicos en Prevención de Riesgos Laborales
Vicepresidente del CGRICT
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